La leja (III) – La casa de los siete tejados

Para costumbristas proyanquis

La casa de los siete tejados. Nathaniel Hawthorne. Penguin Random House, 2015.

Para qué nos vamos a engañar, yo buscaba una de las tatarabuelas de nuestras historias de terror, pero en vez de comprar un volumen de los cuentos de Poe —que los había en aquella librería de la calle del Carmen de Cartagena— algún resorte que me tendrán que explicar los estudiosos de la decisión de compra me empujó hacia La casa de los siete tejados de Nathaniel Hawthorne. En el prólogo del autor, fechado el 27 de enero de 1851, hay una curiosísima clave de lectura: Hawthorne no quería que su texto se considerase una novela, sino un romance. No sé si la traducción será la más acertada. A mí me desconcertó. En el original en inglés decía «romance», que según el diccionario de Cambridge significa «una historia de amor» o bien «una historia de acontecimientos excitantes, especialmente una escrita o ambientada en el pasado». Tengo entendido que es una lectura obligatoria en los institutos estadounidenses. 

Es una historia de familia, y casi de patria. La maldición de los Pyncheon arranca en los tiempos de la caza de brujas, cuando el coronel arrebata sus tierras a un granjero de malas maneras y edifica sobre ellas —las tierras y las maneras— la casa que dejaría en herencia a sus sucesores. Por supuesto, el coronel muere en extrañas circunstancias y, por supuesto, su vetusta presencia nunca se aparta de la mansión de los siete tejados. En realidad, el texto  trata sobre dos formas opuestas de ver el mundo, la del puritanismo conservador y la del liberalismo progresista. Y sí, al fin y al cabo la palabra romance parece buena para describir el libro, que se revela como una historia de amor. A pesar de estar escrita hace ciento setenta años, el personaje del daguerrotipista pone encima de la mesa una pregunta y una profecía absolutamente actuales. La pregunta: ¿Merece la pena levantar una casa que dejar en herencia? La profecía: el mundo volverá a ser nómada. De una forma más sofisticada que nuestros antepasados, pero igualmente desvinculada de la tierra y, además, de la sangre.

La edición de Penguin es apresurada. Al curioso le gustará saber que la casa de los siete tejados, la que inspiró la historia, se puede visitar en Salem, Massachussets. Sí, donde las brujas.

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