Identidad consorte

Es Viernes Santo y siete niños juegan en la calle vestidos de domingo, al balón, bajo la orgullosa mirada de su abuelo. Es extraño este sentido de familiaridad, de pronto, en esta calle de Cartagena. Considerar mis paisanos, quiero decir, a estos niños vestidos de domingo con su acento murciano. Es curioso sentir un alivio digamos local al comprobar que no llueve y podrá salir la procesión. Es extraño estar en esta ciudad que no es la mía y de pronto saberme parte de algo más grande que yo, que me envuelve y me precede. Ser marrajo de pronto, por sorpresa. Tenerle una cierta inquina a los californios, una inquina pequeña y entrañable, de vieja rencilla divertida. Encontrarme a gusto en el corazón de este folclore, de los carros con las pipas y las manzanas de caramelo y los juguetes de feria. Empezar a distinguir los nazarenos de los capirotes como un viejo recuerdo desenterrado. Alegrarme de saber a dónde van mis sobrinas cuando dicen que van de excursión al Castillo de los Patos. Bajar a por el pan, entrar en el estanco, comprar una bolsa de kiwis, descargar la aplicación de la zona azul, saber qué es el Perlita y hasta sentir un cierto desasosiego al darme cuenta de que ya no tenemos edad para ese sitio y que nos corresponde ahora, en estricta jerarquía social, tomar algo en la vermutería que está al lado. Pelar patatas a la orden de mi suegro, abrir las vainas de las habas, saber cuál es el armario de las latas, sorprenderme porque no haya sardinillas. Tener ganas de ir al puerto y decirlo así, quiero ir al puerto, y conocer el camino, adentro por la calle del Carmen, y tener recuerdos asociados a estas baldosas. Y tener, además de los míos, otros recuerdos que me han cedido generosamente, de una adolescencia que no fue mía pero casi diría que sí, quedando a media tarde en el Icue. Estar por sorpresa en casa a muchos kilómetros de mi casa, formar parte de una sociedad que se me entrega como una creación de siglos y que ensancha de pronto mi mirada. Otros encontrarán explicaciones mejores, más razonadas y razonables. A mí, sin embargo, este aluvión de imágenes me muestran de un plumazo, sin argumentos, qué significa exactamente esta nueva identidad consorte.

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